El presidente del consejo de la Universidad del Caribe, José Andrés Aybar, explica que de los 16 mil 800 estudiantes con que cuenta esa casa de estudios, alrededor de dos mil reciben algún beneficio. “Ese es el perfil permanente de la institución, sin que ningún patronato tenga que estar instituido”.
Nadie que tenga una necesidad se va sin recibir una respuesta afirmativa a su pedido. No hacen falta padrinos, enviar cartas firmadas, la burocracia no existe: un alumno ciego, con alguna discapacidad o de escasos recursos sim plemente debe acercarse a la universidad.
“La persona con discapacidad visual simplemente tiene que llegar con su bastón, acercarse a nosotros.
A ellas no les pedimos siquiera una certificación de ingresos”, dice Aybar, y añade que de acuerdo con la necesidad expresa del alumno, es posible ofrecerle desde un 10 a 15... y hasta un 50 por ciento de descuento en la matrícula.
El “precio” por pagar al ser beneficiario es mantener buenas calificaciones, excepto en el caso de discapacitados, quienes sólo deben tener deseo de superarse y ser útiles a la sociedad.
Para estos, la universidad tiene un servicio especial de orientación. |